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dijous, 9 de setembre de 2010

HENRI ROUSSEAU (1844 Laval-1910 París)- Surrealismo. (Destacan el tono poético, la búsqueda de lo exótico y su estilo naif.)



APES IN THE ORANGE GROVE
LA GITANA DORMIDA.
Una negra vagabunda que toca la mandolina, con un cántaro al lado, duerme profundamente cansada de los esfuerzos. Un león pasa por casualidad, la husmea pero no la devora. Hay un efecto de luna muy poético. La escena se ambienta en un desierto totalmente árido. La cíngara lleva vestidos orientales.
Es una obra insólita que despertó el interés de los surrealistas, pero que en realidad está basada en todos los lugares comunes que hacen referencia a los cíngaros: desde ser vagabundos a vestirse de maneras extrañas o estar dotados de poderes especiales como el que impide que el león les haga daño.
Aquí, Rousseau, en la elección de los colores y,  sobre todo, en el gran vacío en el que parecen suspendidas las figuras, consigue plasmar un ambiente de espera y misterio, como si se tratara de un acontecimiento extraordinario al que tenemos la fortuna de asistir, más allá del espacio y del tiempo.
La luminosidad de la pintura, si se mira bien, no es la de la luna; está ya en las cosas y en los personajes, que parecen adoptar un aspecto irreal y un significado simbólico.
La elección y la combinación de los colores contribuyen a crear el ambiente mágico y surrealista de la pintura, mucho más que el propio tema. Rousseau pone especial cuidado al dibujar el vestido de la gitana uniendo franjas que varían del blanco al amarillo, al anaranjado, al azul y luego de nuevo al anaranjado (colores complementarios y colores puros), componiéndolos luego con los tonos oscuros del rostro, envuelto en el velo rosa, mediante la delicada franja del cuello blanco.
Incluso la almohada sobre la que apoya la cabeza lleva franjas, con tonos calientes y fríos alternados. Los tonos ocres definen el plano del terreno, la figura del león, el perfil de la colina, a los que sirve de contrapunto la transparencia del cielo, donde brillan los puntos blancos de las estrellas y de la luna.


       LA ENCANTADORA DE SERPIENTES.

Esta obra es excepcional en la producción de Rousseau, tanto por la composición como por el color. La visión del paisaje está realizada no como un simple escenario, sino a través de una sucesión de planos, definidos y caracterizados en su forma y en sus colores. La selva ocupa la mitad derecha del cuadro y deja a la izquierda las transparencias de la luz lunar y el estanque sobre el que se recorta la silueta de la encantadora con un efecto misteriosamente sugestivo. A la derecha, entre la maleza, se mueven las serpientes; a la izquierda avanza un flamenco rosa.
La luz de la luna determina en el cuadro los diversos tonos de la vegetación, los claros de los matorrales del primer plano y los oscuros de la espesura de los árboles, además de reflejarse en el agua. Es la misma luz la que delinea, con un reflejo sutil, la forma de la encantadora y de la serpiente anillada al cuello y que, misteriosamente, hace que le brillen los ojos en el rostro en sombras.
La pintura, muy sugestiva, fue un encargo de la madre de Robert Delaunay a Rousseau, inspirado quizá en una narración de un viaje a la India que hizo aquella señora.
"El encantador" de Gauguin -amigo de Rousseau- y "La Encantadora" de Rousseau, presentan ambos un significado simbólico, como imágenes de una relación perdida con la naturaleza y los animales.

                                       



                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  



































EN EL BOSQUE.

Es uno de los primeros cuadros en el que Rousseau, en su gusto por inventar las formas y colores de las plantas, confirmó su capacidad de variar los tipos de vegetación. Pero se aprecian asimismo los progresos en la composición y en la combinación de los colores. El esquema compositivo, pese a no ser perfectamente simétrico, se basa en el ímpetu de los dos árboles más altos que flanquean la zona donde la figura de la mujer se mueve asimétricamente, y los colores confirman esta mayor libertad y seguridad al hacerse sensibles a los valores de la luz. En la exactitud y en la búsqueda del detalle de las hojas y los troncos, en el dibujo todavía elemental de los árboles que se abren en sucesivas ramificaciones, el pntor denota una nueva sensibilidad ante las tonalidades, las combinaciones de color y los matices: raya incluso con la perspectiva aérea, es decir, con una profundidad sugerida sobre todo por el "degradé" de los tonos de color en la transparencia de la atmósfera.
Una perspectiva aérea o, más sencillamente una variación de los tonos que no se realiza sólo en profundidad, sino que permite, a medida que se alza la mirada hacia arriba, descubrir las frondas de las últimas ramas como inmersas en la luz, en una mayor libertad y transparencia. En un triángulo de terreno iluminado y libre del prado, se mueve la figura de la mujer que, más que pasear parece haberse perdido en el bosque. Pero el personaje tiene su importancia en la estructura del cuadro, colocado con su silueta color ladrillo entre los dos troncos de la izquierda, en el límite del estrecho claro triangular que se abre en la base de los árboles.
En un esquema compositivo, cuidadosamente equilibrado por la distribucón de las plantas, Rousseau dispone los tonos pardos de los troncos y, detrás, los verdes de la hojarasca; después, más abajo, los tonos anaranjados y arriba los azules del cielo. Conjuga con el conjunto el rojo ladrillo del vestido de la mujer, acentuado por los tonos blancos del cuello y de los puños de la camisa.
La representación de seres humanos perdidos en la selva es uno de los temas más constantes de la producción de Rousseau. Los críticos han reconocido en esta figura femenina a la primera esposa del pintor.

LA CALESA DE M. JUNIER.

Es otra pintura sacada de una fotografía; es más, de dos: su amigo Claude Junier, droguero, y su família, listos para dar un paseo en una calesa. Rousseau firmó el cuadro con su autorretrato: en el pescante el droguero sujetando las riendas y a su lado el pintor; detrás la mujer con una niña en los brazos y junto a ella una sobrinita. Entre los dos personajes del pescante Rousseau colocó un perro; puso otro entre las ruedas; pintó un tercero, más pequeño, delante del caballo. Para reproducir las fotografías usaba un pantógrafo: un instrumento sencillo, un compás articulado que permite copiar a mayor tamaño un dibujo sobre una hoja, en este caso, la fotografía sobre la tela.
En esta obra el realismo de Rousseau se resuelve en la realización del objeto, representado con una absoluta sencillez de medios, más allá de toda preocupación por la perspectiva (nótese el "desplazamiento" en perspectiva del perro entre las ruedas, que demuestra no tano la ignorancia de Rousseau en cuanto a las leyes de la perspectiva como su indiferencia por esos problemas).

http://es.wikipedia.org/wiki/Henri_Rousseau  (Para conocer la biografía de Rousseau y más datos sobre él, clicar en el enlace.)

Fuentes: Cuadros de Wikipedia y  Google. Textos de : Entender la pintura. Ediciones Orbis S.A. 1989 y vídeo de Youtube.




EL SENA Y LA TORRE EIFFEL EN OTOÑO.

6 comentaris:

Mabel G. ha dit...

PRECIOSO, CLARIANA. El estilo naif es muy especial, lleno de ternura, de, casi diría, infantilidad (de ahí su nombre "naive"= cándido, ingenuo)
Y este, en especial, es hermoso, ya que Rousseau ha trasmitido sentimientos, momentos históricos, paisajes tal vez añorados. Las plantas y las flores me han impactado y ese jarrón con flores y algunas ramas con hojas sobre el mantel, diría que es mi favorito.
Gracias amiga por lo que haces por el arte, y por nosotros, tus seguidores !!!!!
Un beso.

PACO HIDALGO ha dit...

Excelente entrada sobre este genial pintor naif, donde todas sus obras se llenan de misterio y de intriga. Encantado de saludarte y reanudar el contacto. Yo ya he emepezado a publicar, tras casi tres meses de receso. Un cordial saludo.

Adolfo Payés ha dit...

Todo un excelente articulo, gracias por compartirlo..



Un abrazo
Saludos fraternos... de siempre..

Que pases un bello fin de semana..

Lucie G ha dit...

Hola Clariana. Gracias por esta magnifica entrada. Me encantan los cuadros que enseñas. El aduanero Rousseau era un pintor realmente especial.
Espero que hayas pasado un buen verano,
abrazos!

Balovega ha dit...

Hola y buenas noches.

Extraordinaria entrada y articulo, un genial pintor lleno de estelar ternura y belleza.

Un abrazo con miles de besotes.. cuídate mucho y buen fin de semana

Armando ha dit...

Hola:

Lo dicho, no sé donde andaba yo que me he perdido de buenas obras.

sabes, de este pintor me ha gustado "LA GITANA DORMIDA", pero en general me ha gustado mucho el estilo de autor.

¡Saludos afectuosos!