
RETRATO DE VIOLETTE HEYMANN
Encontramos en este pastel dos elementos típicos del arte de Redon: la naturaleza vegetal y la naturaleza humana, las flores y el retrato femenino. Sin duda, en la historia de la pintura, no escasean los retratos femeninos en los que la modelo está representada sobre un fondo de flores, desde Monet o Renoir hasta Klimt. Pero aquí la relación entre el fondo florido y el personaje es diferente: las flores y las hojas no sirven de decorado o de corona a la figura femenina, sino que son protagonistas del cuadro; juegan el mismo papel, tienen la misma importancia que el personaje, en una estructura compuesta por dos bandas verticales: en la de la izquierda destacan las corolas y las hojas, suspendidas sobre el fondo gris en una especie de hormigueo de burbujas y de toques de color; en la de la derecha se halla el perfil delicado de Violette. La combinación de los tonos del grupo floral, de una variedad increíble, hace juego con la tez delicada de la mujer y el tono verde pálido, casi transparente, de su vestido, que resalta la fiesta de colores que discurre tras ella.
En este pastel delicado y personal, Redon muestra su deseo de penetrar en la magia de la creación a través de la relación con la naturaleza, la imaginación y la emoción. En Redon el talento artístico va acompañado de una capacidad de reflexión, de una facultad tan grande para mirar la vida y el mundo con la lucidez de un visionario que, al contemplar sus cuadros no se puede olvidar lo que hay en el origen de su creación. Esta lucidez engendra una profunda melancolía, que se halla en todos los temas y las imágenes del artista: se encuentra en los monstruos de sus pesadillas, imágenes de un pavor y un horror arcaicos, y también en las imágenes familiares, las representaciones de lo cotidiano. Este sentimiento lo encontramos no sólo en la poesía de quien fuera su amigo, Stéphane Mallarmé, cuya obra aparece impregnada de una angustia eterna, sino también en la música de otro gran artista venerado por Redon, Richard Wagner. Esta dolorosa y ligera melancolía marca el perfil de Violette y el mundo mágico de la naturaleza. (Fuente: Entender la pintura. Ediciones Orbis, S. A. 1989)
Encabezamiento: Dos amantes en una barca
Apunte biográfico
Francia.(1840-1916)
Nació en Burdeos en el año 1840, a los siete años realizó una visita al museo del Louvre, de la cual salió tan impresionado que decidió convertirse en artista. En busca de su medio de expresión comienza estudiando acuarela en Burdeos. Conoce entonces a un botánico que le inspira un gran amor hacia la naturaleza, que ya nunca le abandonará. En 1857 comienza sus estudios de arquitectura y escultura en su ciudad natal. Al año siguiente se inicia en la técnica del aguafuerte. En 1870 se instala en Montparnasse y se vincula estrechamente a Corot, Courbet y, sobre todo, a Fantin-Latour que, presintiendo su camino, le conduce al Louvre y le da las primeras lecciones de litografía.
En 1880 se casa con Camille Fargue, con quien formará una idílica pareja y un apacible hogar que verá nacer a dos hijos. Redon, intimista, introvertido, plasma lo que convive con su intimidad: los jarrones que soportan espléndidos ramos de flores, las imágenes que surgen de sus sueños, visiones y pesadillas, siguiendo la ruta de Füssli y Blake.
Participó en la última exposición impresionista de 1886. Con todo, permaneció desconocido buena parte de su vida, hasta que en 1899 uno de sus admiradores organizó una exposición-homenaje al pintor. Fue entonces cuando la crítica le alabó y le consagró oficialmente. Buscando un mayor contacto con la naturaleza, Redon se instaló en Bièvres, cerca de París, inmerso en su intimidad personal y familiar, consagrado a su contemplación, a sus sueños, a su honda meditación en torno a lo sencillo y lo fantástico, hasta su muerte en 1916. (Fuente: La Ciudad de la Pintura)

































