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diumenge, 17 de març de 2013

Caminos y raíles en la pintura de Darío Regoyos.

La vida es un camino de incertidumbres, solo la esperanza nos permite proseguir. Esperanza de días mejores, esperanza de una curación esperanza de un regreso…
Sin ella es imposible seguir en ella y en consecuencia nos aferramos a pequeños signos que nos dan fuerza en la lucha por la vida.
Este blog es una de estas pequeñas cosas que queremos mantener como signo de esperanza. Nuestra esperanza es que tarde o temprano su autora, vuelva a escribir en él.
Al principio creímos que llegaba a su fin. Luego, que en breve podría continuarlo.  Ahora creemos que hay para un tiempo, pero no queremos cerrar esta puerta y deseamos que Clariana, algún día vuelva a poder plasmar sus posts en él.
Para mantenerlo, nos hemos permitido con su autorización publicar algunas informaciones sobre su estado y algún tema que creemos en su momento habría querido plasmar.

Su estado actual, es bueno, sigue una recuperación larga, pero no tiene ni las fuerzas ni el interés de seguir la publicación de entradas.
Como intuimos que ésto sea una situación larga pero pasajera, queremos mantener el fuego de su “Pensa i pinta”, publicando alguna entrada. Deseamos no defraudarles, ya que no podemos suplirla en ningún modo,  sobre todo en sus comentarios.
Reciban nuestros mejores deseos (rails i ferradures) y un fuerte abrazo de Clariana


Caminos y raíles en la pintura de Darío Regoyos.
Hace tiempo buscábamos cuadros sobre ferrocarriles, tranvías y carruajes. Uno de los artista más prolíficos en este campo y este país, fue Darío Regoyos.
Con la ayuda de un libro que en su día nos dejó Clariana, hemos confeccionado esta entrada sobre algunos de sus cuadros.

Darío Regoyos, fue uno de los primeros impresionistas ibéricos, desde casi sus inicios en su obra se aprecia una fuerte búsqueda de luz y color dejando la forma a un segundo plano. Hombre inquieto que llegó a residir en diversos puntos durante su vida, el transporte era para él un aspecto importante en la vida; carruajes, ferrocarriles, personas en movimiento pueblan sus obras.


Palacio Real 1878. Desde la estación del Norte en Madrid retrata el palacio Real de la Villa. El ferrocarril muchas veces presente en la pintura de Regoyos, es un símbolo de su libertad de movimiento, que le permite llegar a lugares lejanos.


Efectos de Luz 1881 Desde sus orígenes, Regoyos muestra una gran facilidad en la interpretación de la luz. Uno de sus primeros nocturnos nos muestra la interferencia ente diversas luces y sus sombras. Muestra la Plaza de la Gare du Nord de Bruselas con el quiosco del tranvía y uno de los coches del mismo.

La plaza del Palacio nevada. 1882 La plaza del Palacio real de Bruselas al atardecer.
Luz de gas y una sensación de humedad y frío  Sensaciones que sin duda estaban en la mente del pintor en su realización y que es capaz de transmitírnoslas.

La noche de difuntos sobre el tamaño del lienzo original.
La noche de Difuntos. 1886 perteneciente a su serie la España negra, muestra un cementerio al atardecer con la única compañía de las mujeres de duelo. Originalmente se trataba de un lienzo el doble de tamaño que mostraba un enorme cementerio lleno de cruces. Por algún motivo su autor lo redujo al mostrado.

Puente de Tolosa. 1886-Este ensayo de puntillismo tras una conversación con su amigo Théo, sobre la pintura de Seurat. Este cuadro perteneció a Isaac Albéniz, amigo de Regoyos, que frecuentaba el estudio del pintor y también incansable viajero.





La Calle de Alcalá. En 1892 emplea una técnica mixta puntillista como muestra esta hermosa vista del Paseo madrileño.














La Ría de Bilbao con nieve. En 1895 ni el frío ni la humedad negaban al pintor salir a plasmar una impresión nueva.





El Viaducto de Ormaiztegui. 1898 Luz suave y ligeramente en un contraste a los verdes, matizados con ocres. en el centro la estructura del viaducto resalta en un tono azulado.

El tren de las 16 horas, noviembre, San Sebastián. En 1900, tren, humo y paisaje, lo efímero y lo permanente. Las variaciones de tonos en el monte rompen el efecto del sol de la tarde sobre los árboles.









Túnel de Pancorbo. 1902 En una de sus visitas a Pancorbo nos deja este lienzo donde camino y ferrocarril se mezclan como el desfiladero y el río.





El puerto de Pasajes. En 1903 retrata un atardecer en que unas aguas tranquilas permiten la reflexión de los edificios en ellas y la luz filtrándose entre el humo del tren. Su estética industrial con raíles y grúas prescinde de cualquier estética comercial para los usos de la época.









Viernes Santo en Castilla.  1904 Dos mundos inconexos en la España profunda: una procesión pasa por debajo del puente al mismo tiempo que el tren. Contraste entre luz y oscuridad.

A la cabeza de la procesión, la imagen del santo con su aureola aparece como el equivalente visual de la locomotora , con su faro . Y las llamas de las velas , pequeñas pero numerosas, equilibran el humo del tren. El mundo de tradición y modernidad enfrentándose aquí, el número y la lentitud, por una parte, la energía, la masa y la velocidad en la otra.




El paso del tren. 1902- residiendo en San Sebastián, nos muestra este semioculto tren con su omnipresente estela de humo mientras unas personas contemplan su paso.






Paseo de Gracia de Noche. En 1912 recoge los efectos de la luz eléctrica en una gradación del malva al rosa.


















La Rambla de las Flores 1912 Poco antes de la enfermedad que acabaría con su vida nos presenta una entonces moderna visión de la Rambla desde el llano de la Boquería.


El Puente del Arenal.  En 1910 nos muestra esta composición urbana del Billbao culto e industrial de entonces, donde tranvías, ferrocarril y barcazas de la Ría, se mezclan con el Teatro de la ópera bilbaina en un atardecer nubloso.